Tú para cuándo

Las cosas que cambiaría de mi boda

Hace unos días mi marido y yo cumplimos nuestro tercer aniversario de boda.

En este tiempo, gracias a este proyecto, que nació justo después y a la experiencia de escribir el libro, he visto ideas nuevas, aprendido cosas y conocido personas que me han hecho pensar… ¿Hay algo que cambiaría de lo que hicimos en nuestra boda?

Os pongo en antecedentes: la nuestra fue una boda un poco diferente, si la comparas con lo que hacen otras parejas. Queríamos evitar gastarnos mucha cantidad de dinero, así que el presupuesto era más bien ajustado. Si habéis visto en el libro el ejemplo de presupuesto low-cost, que sepáis que se basa mucho en lo que hicimos nosotros.

Fue uno de los mejores días de mi vida, y aunque estoy segura de que mantendría el mismo concepto de boda, sí que hay algunas cosas que haría de forma distinta con respecto a lo que hicimos en 2015.

Me ha parecido una buena idea contaros lo que cambiaría y lo que no, por si la experiencia os sirve a l@s que estáis preparando vuestra boda ahora mismo. Podéis aprender de nuestros errores o inspiraros con las cosas que hicimos bien. Coged un café o algo, que se me ha quedado un post un poco largo:

El concepto de la boda

Esto es algo que mantendría, sin duda. Me encantan las bodas, obvio, pero ya se sabe que en casa del herrero, cuchillo de palo. A mi no me gustaba la idea de ser la protagonista de ese día. Soy bastante cortada para según qué cosas, y recorrer un pasillo hasta el altar con todo el mundo mirando, abrir el baile, y demás momentos protagonistas, me costaban un montón. Tampoco queríamos hacer la típica boda con un banquete tradicional. Queríamos hacer algo diferente.

Entre eso, y la hora que nos dieron en el Ayuntamiento para casarnos (las 14 de la tarde), decidimos que la mejor opción era casarnos discretamente e irnos a comer con la familia más cercana, o sea padres y hermanos. Ese mismo día organizamos un cóctel por la tarde noche, al que ya sí, vinieron el resto de la familia y amigos más cercanos. Creo que al final fuimos unas 70 personas. Queríamos que fuera más una fiesta, pasar un buen rato con nuestra gente preferida, pero sin protocolos ni nada parecido, y con un dress code completamente informal. Que cada uno se pusiera lo que quisiera.

Como muy poquitas personas de las que vinieron al cóctel nos habían visto casarnos, grabamos un poquito de la ceremonia en el Ayuntamiento. Después de comer, terminé de editar un video que habíamos preparado, le añadí el video de la boda, y lo proyectamos por la noche, como una sorpresa para los invitados. ¡Fue genial!

El vestido elegido

Esto también es algo que tuve claro desde el principio. No me apetecía un vestido de novia clásico, no me veía con ello. Ese año Pronovias tenía una colección que se adaptaba muy bien a novias urbanas, con vestidos cortos y pantalones. Elegí un mono pantalón, de pata ancha, anchísima y con cuello halter. Precioso. Aún hoy me encanta la elección. Yo iba súper cómoda, me sentía muy yo y por aquel entonces las novias con pantalón tampoco estaban tan vistas, así que fue bastante novedoso.

Ahora bien, confieso que compré el mono pensando que, al no ser un vestido, podría reutilizarlo y usarlo después como invitada a algún evento (no una boda, por supuesto).
Al final no he encontrado la ocasión de voler a ponérmelo, porque se ve que es de novia y no se, como que no me pega. Así que aunque lo llevé encantada el día de mi boda, quizás, si buscaba algo más práctico, tendría que haber optado por un vestido tipo cóctel o un conjunto de pantalón y blusa, que sí habría podido reutilizar seguro.

El lugar de la celebración

Teniendo en cuenta que no queríamos una boda por todo lo alto y el presupuesto era ajustado, no buscábamos una finca de bodas tradicional. No queríamos desaprovechar un montón de espacios y metros cuadrados que no íbamos a llenar. Pero si queríamos que tuviera una zona ajardinada, que fuera un sitio bonito y más bien urbano. Y además, que nos dejaran personalizar un poco lo que queríamos hacer, que no en todos los sitios te dan libertad para ello.

Todo no se puede tener, y al final elegimos un hotel cerca de donde vivimos que no es que fuera 100% nuestro estilo, pero tenía una zona de jardín con piscina que encajaba bastante bien con la idea que teníamos. También se ajustaba al presupuesto. Nos hubiera gustado tener más zonas verdes o que fuera un poco más moderno, pero no se puede tener todo.
Eso si, tengo que decir que se portaron de lujo con nosotros. La atención fue genial, nos dejaron personalizar todo lo que quisimos y tanto los meses previos como en el día de la celebración, todo el equipo del hotel fue un 10.

La comida en formato cóctel

Hacer la cena en formato cóctel fue todo un acierto. Con este tipo de menús siempre hay mucho miedo de que los invitados se queden con hambre, y en nuestro caso puedo confirmar que no fue así. Si se eligen bien los aperitivos a servir y se complementa con algún bodegón de comida, os aseguro que nadie se va a quedar con hambre. Para que os hagáis una idea, nosotros servimos un cocktail compuesto de 22 aperitivos, más un bodegón de quesos y el carrito de hot dogs que contratamos para los peques, pero del que también disfrutaron los adultos.
Tres años después, cuando sale el tema de la boda, aun hay gente que me recuerda lo bien que comieron y la cantidad de comida que había. Y es que había mucha variedad, los camareros sirvieron todo con un tempo perfecto y lo más importante, estaba ¡todo buenísimo! Aún recuerdo unas bolitas de foie y turrón que estaban para chuparse los dedos!

Como ya hemos hablado en otras ocasiones, el formato cóctel no es apropiado para todo tipo de bodas, sino que se aconseja para aquellas en las que la media de edad es tirando a joven. Ya sabéis que transcurren generalmente de pie, por lo que puede resultar cansado e incómodo para invitados más mayores. Y aún con gente joven, aseguraros de que hay mesas y sillas suficientes para que la gente pueda sentarse de vez en cuando.

El formato cóctel para mi tiene muchas ventajas. Me parece un evento más dinámico y variado y os permitirá poder pasar más tiempo con todos los invitados. Lo veo más apropiado para una celebración de tarde-noche, pero si vuestra boda es por la mañana, ahora están muy de moda los brunch, asi que puede ser una opción fantástica.

La tarta

Hace años, lo normal era servir de postre la tarta que el hotel o restaurante ofrecían en su menú. Hoy en día, la repostería de bodas se ha hecho un hueco importantísimo en estas celebraciones y es muy común contar con una empresa de repostería creativa para el postre. Incluso muchas fincas de boda colaboran estrechamente con estas empresas para que los novios puedan tener la tarta que quieran. Nosotros lo hicimos así. Encargamos a las chicas de @thesweetestlab una tarta recubierta con fondant, sin florituras ni adornos, más que unas cintas de color rosa que iban acordes a otros elementos de la decoración. Arriba, el cake topper de @knotsmadewithlove. Por dentro, un piso era de red velvet y los otros dos más pequeños, de limón. Esto es porque no nos poníamos de acuerdo en el sabor y al final, optamos por los dos. Tengo que reconocer que el de limón encajaba muy bien con la fecha en que nos casamos, en pleno verano, y le daba un toque refrescante muy interesante.

Una tarta personalizada es algo que yo recomiendo sin dudar. Y cuando digo personalizada no me refiero a que sea temática, que también puede ser, sino a que la encarguéis a vuestro gusto y con el estilo que más os guste o que mejor encaje con la boda. Hoy en día tenéis multitud de opciones: con fondant, naked cakes, drip cakes… Y si no, hay otras variantes que pisan con fuerza, como prescindir de la tarta pero encargar una mesa de postres con pop-cakes, cupcakes, una pared de donuts…

Contratar o no una Wedding Planner

Habéis leído mil veces que siempre aconsejo contratar una wedding planner. Eso es porque yo no tuve una en mi boda. Íbamos con la idea de hacer algo pequeño y sinceramente, con un presupuesto bastante ajustado. Al ser una boda pequeña, y nosotros muy flexibles, la verdad es que pudimos manejarnos muy bien durante los preparativos, pero sí eché de menos una wedding planner que nos acompañara el día de la boda. Y os pongo dos ejemplos prácticos de por qué:

Ya os he dicho que contratamos un carrito de perritos calientes para el menú de los niños. Se comprometieron a estar allí antes de que llegaran los invitados para montarlo antes, y como os estaréis imaginando llegaron bastante tarde. Tampoco me contestaban al teléfono así que por un momento pensé que nos fallaban. Vale, que no cunda el pánico, si no vienen, encargo pizzas para los niños y todos contentos (ya os digo que somos muy flexibles y pretendíamos no estresarnos). Pero como me dijeron después: ¿que necesidad tenía yo ese día de estar pendiente de si llegaban tarde o venían o no los de los perritos o de si tenía que buscar una solución alternativa? Mi papel era disfrutar del momento, saludar a los invitados, tomarme algo fresquito y no estar colgada al teléfono.

Motivo dos:  Teníamos muchas ganas de montar una mesa de dulces muy chula, muy Pinterest. Teníamos la tarta y compramos las golosinas, los accesorios, la decoración y todo, pero claro, no tuve tiempo de montarlo. Si pensáis que vais a tener tiempo para ese tipo de cosas, desde ya os confirmo que no.
Total, que la chica del hotel se encargó de ponerlo, fue majísima, y seguro que lo hizo con todo el amor, pero el resultado no era el que yo había imaginado. Y ojo, que hoy, que se mucho mejor como va la cosa, creo que si lo hubiera montado yo tampoco habría quedado como tenía en mente desde el principio. Tanto la mesa de dulces como el resto del ambiente habría quedado mucho más bonito si hubiéramos contado con un profesional que nos ayudara con la decoración.

Creo que como novia se cometen dos errores cuando nos atrevemos a encargarnos nosotras mismas de esta tarea, o le pedimos a alguna amiga o prima que lo haga: El primer error es el tiempo. Aunque tu te pienses que vas a tener un rato antes de que lleguen los invitados, no es así. Para empezar tú ese día no estás para esas cosas. Y para seguir, no es una tarea que se haga en media hora. Lo que me lleva al segundo error: Montar una mesa dulce en condiciones y que quede como las que ves en Pinterest, no es fácil. Requiere de una planificación previa y al menos un par de horas de montaje. Eso, y el ojo experto de quienes se dedican a estas cosas, que saben componer la mesa, darle diferentes alturas para crear volumen, jugar con la gama de color y con la iluminación… De verdad, a veces subestimamos ciertos trabajos y no nos damos cuenta de lo que hay detrás, hasta que nos ponemos a ello.

Las fotos de la boda

¿Sabéis ese proyecto que hay por ahí de una fotógrafa que se hizo sus propias fotos de boda? Lo vi poco después de la mía y me pareció curioso porque era justo una idea que yo tenía. Además de la fotógrafa que contratamos, llevar mi cámara e ir haciendo fotos desde la perspectiva de la novia. La idea mola, ¿eh? Bueno, pues al final no hice ni una foto, ni con la cámara ni con el móvil ni con nada. No llevaba ni bolso, la cámara me la dejé en casa (olé yo) y el móvil lo perdí de vista antes incluso de que llegaran los invitados. ¡Si es que ese día es para disfrutarlo y no estar pendiente de más cosas! Que nos creemos que vamos a poder hacer esto o aquello, y luego no da tiempo!

Con respecto a nuestro reportaje de fotos, al casarnos a las 14 y hacer la celebración a las 20h, la logística era un poco complicada. Le pedimos a la fotógrafa que viniera por la tarde, un rato antes del cóctel para hacernos algunas fotos nosotros y sobre todo, de la celebración. No hicimos fotos profesionales durante la ceremonia, cosa de la que me arrepiento. Sin embargo tenemos fotos muy chulas vistiéndonos juntos en la habitación del hotel, algo que no está nada visto (me casé con mi mono de Pronovias, pero me cambié para la comida, porque me conozco, así que luego me lo volví a poner para el cóctel)

Después hicimos una sesión de fotos en exteriores, donde pasamos un calor de muerte. Al final con las que más contentos estamos son con las fotos que se hicieron durante el cóctel, porque son mucho más naturales y reflejan el ambiente de la celebración.

Además del reportaje de fotos, contratamos a los chicos de SoyFotomatón que vinieron con su cabina y ¡eso si que fue todo un acierto! De verdad, pensaba que sólo algunos iban a utilizarlo, pero todo el mundo, todo, abuela de 80 años incluida, pasó por el fotomatón. Y varias veces. Hubo momentos súper divertidos, y el álbum con las tiras de fotos y las dedicatorias son lo más. Me encanta verlo de vez en cuando, me muero de la risa con algunas de las fotos y las combinaciones de gente que se metieron dentro de la cabina.


Los regalitos de los invitados

Otra de las cosas que tuvimos clarísimas desde el principio. Hay parejas que se curran un montón los regalos de la boda, y hacen cosas personalizadas súper chulas. En otros casos compran un detallito que, seamos sinceros, muchas veces queda olvidado en un cajón de casa. Nosotros optamos por el regalo solidario. Hoy en día hay multitud de opciones entre las que elegir y muchas formas de hacerlo. Puedes comprar pulseras solidarias, por ejemplo, que puedes repartir entre los invitados y cuyo importe se destina a la causa que hayáis elegido.

En nuestro caso, dimos un donativo y nos hicimos socios de la Fundación Juegaterapia. Ya sabéis que se dedican a hacer jardines y zonas de juego en los hospitales infantiles para que los niños que tienen que pasar largas temporadas ingresados, puedan tener una estancia un poco más llevadera. Como ellos dicen, “jugando, la quimio se pasa volando”.
En las mesas del cóctel, los invitados se encontraron unas tarjetas que decían que “no es lo mismo un regalo por compromiso que un regalo comprometido” y explicábamos por qué no había regalito. En su lugar, y siguiendo con el concepto del juego de Juegaterapia, les dejamos unas narices de payaso para que se hicieran unas fotos divertidas en la cabina de @soyfotomaton. Hoy por hoy, volveríamos a hacerlo. Siempre que alguien me pregunta por ideas para los detalles de los invitados, le recomiendo lo mismo: apuesta por el regalo solidario. Colaboras con una buena causa, y además, la solidaridad se contagia: me consta que de nuestra boda salieron algunos nuevos socios de Juegaterapia, así que no pudimos elegir nada mejor. ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀

¿Número de cuenta o sobre?

La pregunta del millón. Nosotros teníamos claro que organizábamos este sarao porque nos apetecía celebrar con nuestra gente que nos habíamos casado. No teníamos la intención de recuperar el dinero de la boda con los regalos, y así se lo hicimos saber a los invitados. Hubo quien insistió y nos pidió el número de cuenta; otros optaron por el sobre y otros por regalos súper originales que tenemos en casa y a los que tenemos mucho cariño. Dimos libertad absoluta, y de eso no me arrepiento. Pero creo que al final el invitado agradece que le facilitemos las cosas. Aunque vayáis a celebrar la boda sin afán recaudatorio, como hicimos nosotros, vuestra familia y amigos si van a querer haceros un regalo.

Hoy por hoy, soy muy fan de las listas de boda, y creo que me decantaría por esa opción. Ni sobre, ni número de cuenta. Me parece menos “materialista”  y me gusta el hecho de poder hacer partícipes a los invitados de, por ejemplo, vuestra luna de miel. Podéis hacer una lista de boda con actividades y cosas que os hagan falta para hacer vuestro viaje: Los billetes de avión, una excursión, una cena, un coche de alquiler, un safari… Dependiendo del destino, podéis desglosarlo en multitud de opciones, para que se adapte a todos los bolsillos.

La luna de miel

Nuestras fechas preferidas para la boda eran Mayo y Octubre. Pero eso no depende de la pareja sino de la disponibilidad del juzgado, ayuntamiento, iglesia… Así que entre las opciones que nos dieron, elegimos Julio. De esta forma podíamos aprovechar un viaje que ya teníamos programado y convertirlo en nuestra luna de miel.

Nuestro viaje de novios fue a Edimburgo y Portugal. Dos destinos en principio nada exóticos, lo se. Pero tenían su razón de ser y nos hacían mucha ilusión, sobre todo el primero. Lo de Portugal fue para descansar en un hotel chulo, disfrutar de la playa y volver a coger temperatura, porque el verano en Escocia no pasa de los 15º y señores, ¡eso no es verano!

¿Me arrepiento de no haber elegido otro destino más lejano o exótico? Bueno, a ver, a nadie le sientan mal 15 días en Maldivas, eso está claro. Pero sinceramente creo que lo importante de ese viaje es disfrutar. Tanto del destino como sobre todo de la persona que llevas al lado. Hoy en día ya no es tan complicado viajar al otro lado del mundo. Ahorrando durante una temporada, mucha gente aprovecha las vacaciones de verano para viajar a Indonesia, Japón, Estados Unidos… antes la luna de miel era el viaje de nuestra vida. Hoy, afortunadamente, tenemos muchos más medios para viajar que cuando nuestros padres se casaron. Yo disfruté mucho de nuestro viaje como recién casados y ahora podemos seguir planeando esos destinos que teníamos en la lista y que nos apetecían: La costa Este de Estados Unidos, Canadá, un crucero por el Báltico… solo que en vez de ser dos, ahora seremos tres

 

¿Que os ha parecido? ¿Hay alguna cosa que cambiaríais de vuestra propia boda? ¿Algo que os haya resultado útil y queráis que profundicemos? ¡Cuéntamelo en los comentarios o en instagram!

 

 

 

 

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